En la Prensa

"El Arte de Vivir", de lo Simple a lo Suntuoso, de la Mesa a la Casa

Marianne de Tolentino

El libro de Rosalía Gómez de Caro se mira, se lee, se utiliza. La obra, diferente, se ha hecho con tesón y con pasión, y sentimos la fruición de su autora al elaborar pacientemente su contenido. Expresión de la riqueza del arte culinario y de la experiencia de quien lo escribe, no es solamente un manual de recetas, sino un documento muy trabajado, polifacético, original. Las imágenes hacen más que transfigurar los platos, reflejan una calidad excepcional de vida.

La cocina es el único arte que se dirige a los cinco sentidos, a la vez personal y altruista. Nadie negaría su caracter creativo e ilimitado, siendo también excepcional porque la satisfacción del creador se fundamenta en procurar placer a los demás. “El libro de Rosalía” – así podría llamarse- lo demuestra. La parte esencial, el recetario, tiene un estilo propio que rinde tributo a los sabores y deleita la vista. Ha sido concebido y realizado como un bello libro, ilustrado con las maravillas que producen la mesa y la casa, y donde la importancia del detalle cuenta tanto como la composición global.

Las palabras de Tony Caro perfilan perfectamente la obra: “Este libro es un sueño que Rosalía ha atesorado por muchos años. No es su intención producir un simple libro de cocina. Tampoco es su intención que sea sólo una obra para enseñar a cocinar, aunque de algún modo también lo logrará. Es más bien un retrato de su arte, de su deseo de hacer cosas bonitas, de inventar manjares deliciosos, de utilizar los elementos de la naturaleza y de componerlos de una manera muy personal.”

Creemos que en la vida de Rosalía habrá dos períodos: antes del libro, después del libro. Sin duda, ella habrá cumplido un sueño , es la parte íntima, pero la proyección pública de la obra la convierte en una autora de éxito, aunque no cambie su manera de ser y de hacer.

Un Volumen atractivo

Rosalía, en todo momento, enfatiza el aporte colectivo – de parientes y amigos – a la publicación y dedica agradecimientos a muchas personas que han contribuido a la calidad de la obra. Despojándose de todo narcisismo, no es una actitud común, y finalmente es un agradecimiento a la vida, con el anhelo de que los lectores compartan los secretos de la gastronomía – si a ellos les interesa – y los encantos de varios entornos.

No cabe duda de que las fotografías de Luis Nova, uno de los grandes fotógrafos dominicanos, constituyen el primer atractivo del volumen, – que también cuenta con la contribución – aunque necesariamente menor- de otros fotógrafos cuando se reproducen testimonios de eventos festivos. Si hay personas que se apasionan por la lectura de las recetas de cocina y, a partir del texto, ya desgustan y juzgan los platos propuestos, muchas prestarán una atención mayor a las imágenes en sí. Luego esta seducción visual, ojalá así sea, puede invitar a aplicar el saber culinario propuesto, tratese de mujeres o hombres. Este libro se lo sugiere, sin duda.

Las imágenes presentan no solamente manjares con una preocupación estética especial, sino vajillas, cristalería, mesas, arreglos, objetos, ambientes, estilos, que todos se relacionan con la práctica del arte como norma de vida. El trópico, con su vegetación y también su barroquismo, es un elemento central, y el ojo de Luis Nova – siendo el lente un intermediario- se complace en captar una cotidianidad de nivel singular y volverla una secuencia de espectáculos. La naturaleza, principalmente plantas y flores deslumbrantes, combinados en la sofisticación de una sencillez aparente, reitera su omnipresencia.

La sensibilidad del artista visual ha respondido plenamente al espíritu de Rosalía que posee un auténtico talento escenográfico y, en la decoración, despliega la misma pasión, la misma inventiva, que en la confección de los platos. Es una flora, gloriosamente domesticada y homenajeada, que brinda sus encantos en ocasiones diarias y a menudo festivas. Los colores, con abundancia de rojos y verdes, exaltan, hasta la saturación, la generosidad y la plenitud del arte de la mesa.

Por cierto, entre el arte fotográfico y el arte culinario, hay el común denominador de lo que Cartier-Bresson ha llamado el instante decisivo. Un fotógrafo capta un espectáculo o una situación, que pueden no repetirse, hasta con premeditación de la toma. El proceso de realización de una receta – cualquiera, incluyendo la más simple – se le parece. Hay una selección y cantidad de ingredientes, y un momento de la cocción, que son inmejorables. Si se quiebra esa proporción o ese tiempo, el plato se daña. Y la minuciosidad de Rosalía de Caro en la preparación de las comidas sobrentiende esa exigencia, solamente compatible con el acento personal y el oficio comprobado.

Un Libro de Recetas interesantes

Aunque Rosalía esboza una suerte de memorias familiares y expone – tal vez con la modestia de quien escribe su primer libro- sus motivaciones, aunque el esplendor de ciertos escenarios y circunstancias especiales provoca la fascinación – empezando por su autora -, el núcleo de la obra está constituido por las recetas y las enseñanzas que proveen. Nuestra primera experiencia ya tuvo lugar… con un producto, cuya clave de utilización encontramos en el libro. Y ciertamente ese invita a la lectura de nuevas recetas, a probar las variantes de otras conocidas, y ocasionalmente a criticarlas – como cualquier texto u obra de arte -.

El único problema que confrontamos es el tamaño del volumen… trabajar con él en la cocina requiere espacio y cuidado! Ojalá se haga una edición de bolsillo, sacrificando a la belleza… Definitivamente, “El Arte de Vivir” no puede colocarse como adorno en la mesa de un salón: amerita usarse, según su destinación primordial.
Ese pequeño tratado gastronómico tiene una informalidad agradable, que compensa el índice. Rosalía esencialmente distribuye las recetas por los lugares, las fechas, los momentos, evitando la sistematización, por ejemplo entre cocina criolla e internacional, o por los ingredientes clasificados. Su recetario va de lo más sencillo – como una “purée” de yuca y un flan de mamey – hasta lo más complejo – así los “quesos de cabeza de cerdo” o ciertas ‘ratatouilles” – y suntuoso – como sus grandes biscochos -. A menudo el refinamiento se funde con la sencillez – así en la vichyssoise de berro… o un caldo de pescado -. Si ella no busca transformar un plato, siempre lo embellece – culminando por la presentación en la mesa -.

La autora es obviamente una adepta de la “nouvelle cuisine”, tal como se practica actualmente: aligeramiento de los componentes y al mismo tiempo preservación de la tradición. Ni el paladar ni la salud se sacrifican… Se le siente disciplinada y paciente, conceptuosa e inteligente en sus opciones, cualidades del artista culinario. No nos sorprende que uno de los mayores retos haya sido cantidades y proporciones – señaladas con precisión -, el gran cocinero actúa, sino por impulso, por evaluación instintiva, “al ojo”… aunque deberá probar.

Uno de los más célebres “chefs” de Francia, tres estrellas en la famosa Guia Michelin, Joël Robuchon, ha afirmado:” La cocina es en realidad uno de los más bellos actos de generosidad y de amor de los cuales es capaz el ser humano.” La generosidad y el amor se encuentran en “El Arte de Vivir” y lo han gestado, desde que se ideó como proyecto en el seno de la familia Caro. Cabe subrayar al respecto que el producto de la venta muy exitosa del libro se entregará a la fundación humanitaria “Pido un deseo”, dedicada a aliviar los sufrimientos y carencias de niños y jóvenes desfavorecidos.

Fuente: Periódico Hoy/ Vivir

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